Miguel Ángel Bustos; 1960-1976

Alas de Gaviota Nº3; 2007/2008
https://alasdegaviota.com.ar/wp-content/uploads/2017/08/AlasdeGaviota1_dossier.pdf

Miguel Ángel Bustos, poeta y periodista argentino, secuestrado-desaparecido durante la última dictadura cívico militar en Argentina, fue el protagonista del primer Dossier que editó nuestra revista en papel gracias a la desinteresada colaboración del poeta Emiliano Bustos y la Profesora Susana Cella. Hoy, al conmemorarse un nuevo aniversario de aquel funesto 24 de marzo de 1976, reeditamos aquel Dossier (Alas de Gaviota Nº3; noviembre, diciembre y enero 2007/2008). Por la libertad, la memoria, la verdad y la justicia. Siempre.

Miguel Ángel Bustos – Gentileza de Emiliano Bustos

Obras de Miguel Ángel Bustos

1957. Cuatro murales, Buenos Aires, edición de autor (poemas).

1959. Corazón de piel afuera, Buenos Aires, Nueva Expresión (poemas).

1965. Fragmentos fantásticos, Buenos Aires, Casa Editora Francisco Colombo (poemas).

1967. Visión de los hijos del mal. Buenos Aires, Sudamericana (poemas).

1970. El Himalaya o la moral de los pájaros, Buenos Aires, Sudamericana (poemas).

Antología:

1998. Despedida de los ángeles, introducción y selección de Alberto Szpunberg, Buenos Aires, Tierra Firme.

Miguel Ángel Bustos

…»solo la imagen humana, húmeda, seca»…

Por Susana Cella

Miguel Ángel Bustos publicó cinco libros de poemas entre 1957 y 1970. Dos de ellos, Corazón de piel afuera y Visión de los bijos del mal, fueron prologados por Juan Gelman y Leopoldo Marechal, respectivamente. Quedaron, además, quince cuadernillos inéditos escritos entre 1957 y 1962. Recién en 1998, con la antología titulada Despedida de los ángeles, salieron a la luz varios de estos poemas.

Considerando la obra en su conjunto, es posible ver una serie de modulaciones en lo que se refiere al uso del verso, la concisión y brevedad en algunos casos, la extensión en versículo en otros, e incluso la prosa poética. En estas inflexiones diversas se percibe, sin embargo, una constante, que bien puede considerarse una marca que hace al estilo, una unidad dada por un tono sostenido que menos que acudir a contrastes fuertes, a frases altisonantes, es en cambio más bien parejo, correlato de una continua reflexión situada espacial y temporalmente­ ante una plural manifestación de la realidad, tanto en lo que ofrece el afuera (lugares visitados, por ejemplo) como en lo que se suscita por las lecturas, elaborado todo esto a partir de una imaginación capaz de combinar poéticamente la multiplicidad en la unidad poemática. Ciertas imágenes como la del sol constituyen casi un emblema en tanto reaparece de diversos modos asociado a una luminosidad cuya contrapartida es la oscuridad, y parecería ser ese punto el lugar de donde surgen las varias tentativas de aprehensión de aquello que se presenta como objeto de interés, núcleo de indagación, misterio a sondear.

Lo que fue hasta la edición de 1998 el conjunto de poesía inédita presenta un conjunto de anotaciones de fechas y lugares que lejos de ser una suerte de impresiones de viaje, más bien fijan  el momento en que se produjo el hecho poético, en que las palabras hallaron la combinación, como si dataran el nacimiento del poema. En lugar de  una mirada versátil sin puntos fijos, por el contrario, se verifica más bien la atención que se afinca en aquellas cosas cuya permanencia se constata en la variabilidad, y eso se cifra en la recurrencia de palabras principales  y elementales, si por tal entendemos, no solamente los elementos, que están, sino también lo elemental entendido como  primordial, en tanto es imposible que en su ausencia el poema tuviera lugar, se constituyera como tal, en tal sentido, tuviera lugar, tiempo y espacio habitables, propios, permanentes, porque aun cuando encontramos la alusión a una especie de intemperie y soledad, queda la certeza del trazo:

«Desnudo/ en cuerpo y alma/ el hombre hecho/  piedras/ soles/ aguas/ claridad «

«hueco/ por los cuatro costados/ vacío/ en pie/ escribo»

Configurar en un poema algo que aparece como problema o, en palabras de Bustos, enigma, puede desencadenar otro tipo de composición. Se diría que

«Hacer murales con el alma del hombre», en Cuatro murales (Bustos, 1998, 45)

se corresponde con el tipo de texto en el que se trata de la adquisición de un saber:

«Había aprendido a gritar. Se haría oír»

Semejante a un relato bíblico, a una parábola, evita el prosaísmo y por el contrario, la serie de hechos queda plasmada en clave lírica. No falta la mezcla de registros, como si se tratara de no establecer una jerarquía entre lo «culto» y lo cotidiano, en tanto concomitantes y entrelazados en la vida.

Tampoco está ausente el uso de diminutivos, que bien pueden asociarse a la recurrente imagen del niño y que como ésta nos remiten a lo entrañable habitual: piedra, pájaro, gato, madre, gorrión, etc., tal como se ve en algunos poemas de Corazón de piel afuera, eran hubicados además muchas veces en versos breves: doble disminución entonces que condensa así una mayor significación.

Ahora, en el mismo poemario, ese lugar se contrasta con los poemas de amor en los cuales aparece otra voz, como si se fueran  habitando lugares  de enunciación desde donde nombrar la riqueza de sentimientos que sobrepasan la instancia íntima:

«un  pleno círculo/ de nuestro amor/ a todos los hombres»

Lo que da cuenta de otra dimensión  -más amplia, objetivada a veces- o de la relación de lo exterior con  una suerte de repliegue del poeta en sí, con su nombre propio incluido («Avanzan los soles en el cielo»; «Me afirmo en la tierra «).

Y asimismo es posible percibir el acallado movimiento deslizándose del verso al poema en prosa, de las apelaciones y pedidos (a la amada, a los gatos) en el deseo o la resistencia («Puñal las lágrimas: hoy me atrinchero»).

Los Fragmentos fantásticos son una composición donde las citas incrustadas se manifiestan en  forma de aforismos, en poemas en prosa, a veces como fábulas. Si se define lo fantástico no en tanto inverosímil o extraordinario sino en tanto una indecidibilidad de realidades, donde las fronteras entre la realidad  como se representa, objetiva, habitualmente, y aquello que parece caer fuera de ese verosímil, quedan en entredicho, entonces, la definición conviene mejor a lo que evidentemente ostenta la característica del fragmento, como partes que remiten a otras,   como conjuntos vinculados. Y entre estos no falta, el de algo parecido a un episodio de todos los días como en «El empleo horizontal», cuyo correlato lírico podría ser «Arreglo con frutas e instrumentos de viento», un largo poema en el que resurgen  esas modulaciones por los sueños, las travesías, los objetos y seres, el yo poético.

En Visión de los hijos del mal nuevamente es el fragmento pero lo que estaba relacionado con la oscuridad y la muerte parece más denso y en algunos casos podría  también pensarse en algún eco de Lautréamont:

«Creyó en dios, el dios perverso de sanguinario aliento. El altar es su cuerpo, sus pecados la hostia, la campana infernal su memoria»

Y al mismo tiempo que la desesperación y el dolor parecen acercarse, en desesperación, al desafío, a desafiar a Dios, es simultáneamente súplica, sed de absoluto:

«Cuando la blasfemia crece siento que rezo»

«Oración, blasfemia cóncava, azota al potro que me lleva a los Infiernos»

«Luna  de Herodes» es también una de esas formas que podría denominarse de síntesis, donde una trabazón entre el afuera y el adentro, fuertemente alusiva, vincula la experiencia interior, el imaginario que se despliega en esta poesía con un afuera de peligros y furias que hallan su opuesto en la entrañable «patria» cuya sinécdoque y síntesis podría ser la ciudad herida.

Al encarar la lectura de El Himalaya o la moral de los pájaros el texto presenta una complejidad sin atenuantes y sin descanso, desde el mismo principio hasta el final. Tales rasgos no son sino la forma lograda del extenso poema «Viaje» – de paso confirmando esa constancia del viaje como exploración exterior e interior-, cuya dificultad mienta la  que es propia del camino a recorrer, trayecto por el mundo y la palabra que queda definitivamente imbricado en el hacerse del texto. No es de menor importancia la cantidad  de referencias culturales que se entretejen en cada uno de los fragmentos, sin embargo, en  la lectura, lo que suscita, lo destacable es la puesta en presente, en acto, de la complejidad de la experiencia, en la palabra tangible, concreta, en la combustión interna del poemario, correlativa a lo que el recorrido implica. Mitología, epicidad, monólogos o diálogos, personajes, lugares y no lugares, tiempos y no tiempos, la noche del verbo y el Sol Antiverbal se conjugan en el trayecto en el que, luz y sombra de nuevo, queda diseñada por la voz poética una inquietante imagen del expandido universo.

Los patios del tigre

El tigre, aquel espejo del

odio y el espanto

Von Jöcker, siglo XIII

Fueron  siempre  los  pájaros patios de mi infancia.

A la claridad del canario se sumó el gritito entrecortado del calafate, el vuelo diminuto de los bengalíes. Algún mono hubo, pero fue efimero.

Agregaba mi abuelo a la magia reinante sus oros de gran Maestro. Sus libros que, de a poco, fueron siendo mis pájaros.

Un tío viajó y en una gran jaula trajo un tigre. Lo aseguraron a una cadena y esperaron que lo viera.

Su garganta me llamó; aparecí.

El espanto y la maravilla me helaron.

Desde ese día los patios dejaron de ser tales. Fueron selvas de mármol y mosaicos gastados en donde el temor habitaba.

Era feliz. Tocaba el misterio a diario y no desaparecía. Me acostumbré ávidamente a lo extraño.

Cuando alguien ordenó su encierro en el Zoológico, lloré.

Entonces comenzaron mis fugaces visitas; temblaba cerca de su jaula. Su rugido era música tristísima para mí . Le imploraba a su memoria de fiera el recuerdo.

El día en que me fui a despedir de él para siempre me olió, detuvo su andar en círculos. Una sombra humana le cruzó la mirada. Intenté tocarlo. El griterío prudente me clavó en el piso.

Pensé un adiós, suavemente me marché. Más tarde supe de su muerte. Su carne fantástica se juntó en el polvo a otras carnes.

He crecido. Guardo de mi infancia sus huesos en mi alma, los libros en mi sangre.

Pero cuando llegue el fin y me miren los ojos que aún no he visto, pienso que será el tigre incierto de la locura el que me lleve tanteando a la nada, aquel tigre de titubeo y delirio del suicidio que en su boca me ahogará clamando.

O tal vez mi viejo tigre, rayado por la piedad, quiera devorarme como a un niño.

en Fragmentos Fantásticos – Miguel Ángel Bustos

Arreglo con frutas e instrumentos de viento

NARANJOS

hasta cuándo serán naranjos las calles del Tigre

y no el corazón de mi amor.

Pulpa de tu tremenda boca la toqué y se fue por la noche entre los naranjos volvió para pegarme como la rama más débil o la ola más fría iniciando la tormenta.

Y yo que creí que nos pondríamos juntos

en nuestra vida de mil años.

Trompa apaga la luz que desciendo solo a la ciudad de los hombres. Apaga lamento de hierro y bronce entre los naranjos.

Ahí voy lava tu cuerpo y vamos. Ah santa piel joven el mundo será nuestro.

Silencio con la sorda alegría. Ahora duerme al fin. Clarín entre los naranjos.

en Fragmentos Fantásticos – Miguel Angel Bustos.

Susana Cella es autora de los libros de poemas Tirante, Río de la Plata, Eclipse y De Amor (dientes, paredes arrugadas); las novelas El inglés y Presagio; los ensayos El saber  poético, La poesia de José Lezama Lima, entre otros. Publicó poemas y ensayos en revistas y capítulos de libros en Argentina, Chile, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, México y Uruguay. Compiló numerosas antologías poéticas con estudios preliminares. Participó en coloquios, congresos, encuentros poéticos y lecturas en el país y en el exterior. Traduce literatura en lengua inglesa. Fue becaria de la Universidad de Buenos Aires y obtuvo la beca de ILE (lreland Literature Exchange) en 2007 para  realizar estudios  literarios en Dublin. Colaboró enrevistas y periódicos: Página 12, Clarín, El Cronista Comercial, Perfil, El País de Montevideo y la Agencia Télam. Actualmente escribe en Caras y Caretas. Es Doctora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de  Buenos Aires, donde trabaja como profesora investigadora. Coordina el Espacio Literario Juan L. Ortiz en el Centro Cultural de la Cooperación. Integra el Consejo de Publicaciones de la Facultad de Pilosofía y Letras, es miembro del Comité Asesor de la Colección de Ensayo Amaru de las Ediciones El Santo Oficio (Lima, Lima- New York) y de la revista Dodó.




En el año 2007, el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini edita la prosa de Miguel Angel Bustos compilada por su su hijo, Emiliano Bustos. Con introducción del Subsecretario de Derechos Humanos de la Nación Rodolfo Mattarollo titulada «Nosotros no lo olvidamos», prólogo de Emiliano Bustos y contratapa de Daniel Freidemberg, esta antología se instala en el universo literario argentino como una de las obras fundamentales para comprender no solo la creación periodística – literaria de Miguel Angel Bustos, sino también la cruenta realidad que padecimos durante los años de la última dictadura cívico-militar.


Miguel Ángel Bustos, Prosa 1060-1976

Compilación y prólogo de Emiliano Bustos, Buenos Aires.

Ediciones del Centro Cultural de la  Cooperación  Floreal  Gorini, 2007.

Por Emiliano Bustos

A partir  de la publicación  de Miguel Ángel Bustos, Prosa 1960-1976 (Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, 2007)  puede o podrá hablarse con mayores datos de dos zonas de su literatura: la poesía y el periodismo.

Hasta aqui se puede decir que Miguel Ángel Bustos, que nació en  1932 y formó parte de la generación del 60, junto con Juan Gelman, Leónidas Lamborghini, Alejandra  Pizarnik y Francisco «Paco» Urondo, trascendió por su obra poética, compuesta por cinco libros, publicados entre 1957 y 1970: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967) y El Himalaya o la moral de los pájaros (1970); y también, aunque más simbólica que materialmente, por su condición de periodista desaparecido. De hecho, su historia está incluida en el Libro «Los periodistas desaparecidos», inicialmente publicado por la UTPBA  (Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires) en 1986, republicado  por Grupo Editorial Norma doce años después.

En 1998, Libros de Tierra  Firme -la editorial fundada por el mítico José Luis Mangieri, que dio vida en los 60 a La Rosa Blindada (editorial y revista)- publicó Despedida de los ángeles, una antología preparada  por Alberro Szpunberg -compañero generacional de Bustos-, que dio parcial  cuenta de su poesía editada e inédita. Dicha antología, como señalan Víctor Redondo y Horcio Zabaljáuregui en la contratapa,  lo trajo «de nuevo a respirar entre los vivos», y comenzó a desandar, cuanto menos en parte, el proceso de desaparición simbólica que se había generado en 1976, a partir de su secuestro y posterior desaparición por un grupo paramilitar en el  marco del llamado »Proceso de Reorganización Nacional», escala nativa del Plan Cóndor que asesinó, hizo desaparecer y provocó el exilio de miles de personas en  toda Latinoamérica.

De todos modos, y pese a su ausencia, su poesía  circulaba   y generaba  lecturas diversas aún antes de la publicación  del  libro mencionado. En 1990 fue incluida en El ’60, Poesía Blindada, antología prologada por Ramón Plaza y compilada por Rubén Chihade; por el mismo tiempo, un grupo de poetas jóvenes de Bahía Blanca, los «mateístas» (hoy cercanos a la revista y editorial Vox) realizaba  pintadas en las calles de la ciudad y algunas reproducían  poemas de Bustos; ya a mediados de los 90, Diario de Poesía adelantaba  textos que luego conformarían  la atología. Despedida de los ángeles mereció sendas bibliográficas en Clarín y Página 12, otra de Susana Cella, que además incluye a Bustos en su Diccionario de literarura latinoamericana (El Ateneo, 1998), en Diario de Poesía, y un ensayo de Ana Porrúa publicado en la revista INTI, en 2001.

Miguel Ángel Bustos inició sus colaboraciones perio­dísticas en  1970 en la revista Panorama, que editaba el Grupo Abril, al que también pertenecía Siete Días, la competencia de Gente. Panorama saca su primer número en 1963, y continúa, en cierto sentido, el modelo renovador iniciado un año antes por Primera Plana. La publicación es mensual hasta el 68, luego semanal hasta su cierre, en 1975. A  fines de los 60, con la desaparición de Primera Plana, muchos periodisras se pasan a Panorama, fenómeno que en cierto modo se iba a repetir cuando, en  1971, se funda La Opinión y varios colaboradores del semanario marchan  hacia el nuevo emprendimiento de Jacobo Timerman. La migración  no iba a detenerse, ya que en 1973, la nueva revista cultural Crisis nuclearía a varios nombres que venían de Panorama y La Opinión, como Gelman. De todos modos, todos estos traslados eran producto del dinamismo propio del periodismo; la dictadura milirar iniciada en  1976 quebraría definitivamente, acaso el período más fértil del periodismo argentino en el siglo XX.

La revista Panorama contaba con numerosas secciones; Bustos firmó sus notas en la llamada «Libros», aunque también redactó otras muchas sin firma para «Informe Especial» y «Vida Cotidiana». Sus artículos firmados no se ceñían únicamente a lo literario, ya que reseñó títulos de historia, antropología  y lingüística. Una vasta cultura -como muchos señalaron- le permitía tal amplitud temática; asimismo, una revista de información general como Panorama, centrada básicamente en la actualidad  política y económica, ofrecía, sin embargo, una importante cobertura cultural. Cuanto menos hasta 1974 las cosas, en la revista, se dieron de este modo. Los diferentes repliegues del tercer gobierno peronista y los sucesos político-económicos  que constituyeron  la antesala del golpe, se reflejaron en  las páginas del semanario generando una reestructuración  importante que, por ejemplo, delimitó la sección «Libros» prácticamente  hasta hacerla desaparecer. Bustos  firma su última nota en abril de 1974, aunque permanece en el staff  hasta marzo del año siguiente. A partir de ese momento comienza sus colaboraciones  en La Opinión y El Cronista Comercial (cuyo director, Rafael Perrota, sería asesinado), diario en el que firma por última vez una nota sobre el poeta ruso Sergei Esenin en enero de 1976. Cabe mencionar que ésta, como una anterior sobre Rilke, la firma con el seudónimo Gonzalo Gustioz.

Los 141 artículos reunidos en Miguel Ángel Bustos. Prosa, 1960-1976 no habían sido recuperados hasta ahora; en este sentido, el libro editado por el Centro Cultural de la Cooperación  Floreal Gorini promueve un valioso redescubrimiento,  no sólo de un autor en particular sino de una época. Como señala el poeta y crítico Daniel Freidemberg en la contratapa del libro:

«La rimbaudiana  fórmula ‘místico en estado salvaje’ con que lo describió Leopoldo Marechal dice bastante de la singularidad de Miguel Ángel Bustos en el contexto de la poesía argentina. Cuando un grupo paramilitar irrumpió en su casa, el 30 de mayo de 1976, el de Bustos era un nombre bien conocido y valorado, pero la desaparición de su nombre y su obra que siguió a su desaparición física recién empieza a revertirse tres décadas después. Esta compilación de sus artículos y ensayos (…) avanza en esa dirección, pero además cumple otra función develadora: hace surgir el rostro menos notorio -no opuesto sino complementario- del alucinado, el visionario, el ‘maldito’. Una cultura vastísima, una sed  de conocimiento y de experiencia estética capaz de sustentarse en obras muy diversas y hasta inconciliables, una inteligencia siempre alerta y una vinculación casi natural y nada mecánica entre la inquietud política y las aventuras del espíritu, a través de una prosa bella y eficaz, dan por resultado un libro de impresionante vigencia y apasionante lectura, que al mismo tiempo permite recorrer algunos de los más candentes núcleos de interés de un momento particularmente intenso de la cultura en este país».

Lo que observa Freidemberg puede comprobarse en la variedad  de autores y figuras trabajados por Bustos: Sófocles, Lautréamont, Holderlin, Novalis, García Márquez, José Félix Fuenmayor, Octavio Paz, Benedetti, Gelman, Fanon, Angela Davis, El Che, la Semana Trágica, la Comuna de París, el estilo literario de Marx, el socialismo chileno en el poder, la Revolución Cubana vista por Ernesto Cardenal, el movimiento tupamaro,  los grabados de José Guadalupe Posada, los muralistas mexicanos, la pintura de José Gutiérrez Solana, el humor gráfico del francés Sempé -creador del Petit Nicolas-, entre muchos  otros temas.

Miguel Ángel Bustos. Prosa, 1960-1976 reúne, además, textos inéditos, traducciones, ensayos, entrevistas y parte de su correspondencia, así como algunas bibliográficas aparecidas en los años de edición de sus libros, entre ellas las de Gelman, Marechal y Enrique Pezzoni.

A partir de 1970 Bustos profundizó su visión política y su compromiso social. Fue militante del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), que tuvo su brazo armado en el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y el fuerte liderazgo de Mario Roberto Santucho, asesinado en Buenos Aires en 1976. Bustos ejerció el periodismo  también desde la  militancia,

)’ colaboró con el quincenario Nuevo Hombre fundado por el gran intelectual marxista Silvio Frondizi, asesinado en 1974 por la Triple A, por el que también pasaron Alicia Eguren, viuda de John William Cooke, Manuel Gaggero  y Rodolfo Mattarollo, abogado de los presos políticos de Trelew en los 70 y subsecretario de Derechos Humanos de la Nación  durante la gestión de Néstor Kirchner. En Nuevo  Hombre, y en memoria de las víctimas de la masacre de Trelew, Bustos publicó un poema, además de otros artículos sin firma. Como tantos intelectuales, profesionales , estudiantes, obreros y hombres de su época, Bustos puso el cuerpo y las ideas en acción y ejercicio práctico, no estuvo del lado de los que simplemente vieron pasar la historia, como los escritores que se alzaron contra la Comuna de 1871, y que se preguntaban, temerosos, cuál iba a ser el destino de sus bienes.

Fundamentalmente por este motivo la obra de Miguel Ángel Bustos tuvo que padecer un exilio forzoso, que ahora, con  la publicación de sus trabajos en prosa y la próxima edición de su poesía completa, se revierte. La obra de Bustos, a veces casi en soledad, superó el enorme vado de estos treinta años; ahí reside su peso y su actualidad.                

Emiliano Bustos nació en Buenos Aires en 1972. Poeta y dibujante. Publicó Trizas al cielo (1997) mediante un subsidio a ]a creación de la Fundación Antorchas, Palada (2001) y  56 poemas (2005). Poemas, artículos y dibujos suyos fueron publicados en revistas de Buenos Aires. Participó de los volúmenes colectivos Por Tutlón (Ediciones del CCC, 2005) y Tres décadas de poesía argentina, 1976-2006 (Libros del Rojas, 2006). Compiló y prologó Miguel Angel  Bustos. Prosa  / 1960-1976 (Ediciones del CCC, 2007). En 2005/06 escribió los textos de catálogo de la Linea Joven de Artes Plásticas del Fondo Cultura Buenos Aires. Participó del VIII  Festival  Internacional de Poesía  de Rosario (2000), del II Festival Latinoamericano (Salida al mar, 2005) y de las Lecturas de Primavera 2006. Poemas suyos fueron incluidos en la antología de poesía argentina El arcano o el arca 110 (Cuba, 2007), y en selecciones aparecidas en Extra Proun (1998), Revista Ñ (2005) y Fómix (Perú, 2007). Estudió dibujo con Hermenegildo Sabat y participó en muestras colectivas. Ilustró las Fábulas fantásticas de Ambrose Bierce (Errepar, 2000). Recientemente publicó Cheetah (poemas) en la editorial el Suri porfiado.

Desafía a la imaginación un antiquísimo juego chino,

Tangram

Libro y juego en un estuche, Editions du Chéne, Paris, 1974.

La Opinión. 16/4/75. (1)

Aquellos adultos que recuerden los colores y la monotonía esencial de los cristales del caleidoscopio infantil se acercarán sin prevenciones a ese «viejo juego de formas chinas». El resto tal vez acepte que los cinco triángulos, el cuadrado y el paralelogramo de plástico negro que acompaña el texto de esta prolija edición francesa, son capaces de señalarle virtudes propias del juego en los niños: descubrimiento y creación a partir de pocos y simples elementos que se transforman incesantemente en los ojos del pequeño aprendiz.

El «Tch’i Tch’iao Pan» o «Tablilla de las Siete Astucias» consiste en las siete piezas citadas (juntas forman un cuadrado perfecto) y un texto con una breve introducción,  una  bibliografía  sucinta  y una  serie de  figuras o problemas  a resolver.  La  última  parte  está  destinada  a  las soluciones  para  aquellos  que desisten en el intento.

Es en 1805 cuando se lo menciona por primera vez en Europa; diez años más tarde  el Tangram ya es popular en casi todo Occidente. Pero esta celebridad traerá  consigo una imprecisa definición en cuanto al  lugar  que ocupa en el universo de los juguetes inteligentes: se lo considera un puzzle, es decir, un rompecabezas al modo occidental. Y el Tangram tiene la cualidad de ir más allá de los llamados juegos de ingenio inventados en Europa.

En estos, el jugador se enfrenta con una figura fija, inamovible, que ha sido cortada en la mayoría de los casos en múltiples fragmentos: por ejemplo, un árbol son ocho pedazos y una casa once: comparando los bordes sinuosos se trata de resolver la escena. Por lo tanto, sólo se trata de una tarea de reconstrucción.

Con  el Tangram todo es diferente, ya que no se busca restaurar un episodio inmóvil sino construir o inventar nuevas figuras posibles cuyo número, por lo menos teóricamente, es casi infinito. Y con este «rompecabezas» chino hasta la escena lograda puede cambiar cada vez si el jugador así lo desea.  La otra posibilidad, menos aventurada, sería ajustarse  a los problemas  que indica el libro, que cuentan con su correspondiente solución.

Un juego de estas características tenía, necesariamente, que entusiasmar a un hombre como Lewis Carrol o distraer en el confinamiento al ex emperador Napoleón Bonaparte.

Si el jugador de Tangram cayera en el error de otorgarle a su entretenimiento cualidades místicas o religiosas, lo concreto y desnudo de las siete piezas plásticas lo haría retornar a la realidad. Ya que las formas geométricas del juego de los «espacios limitados», llamado desde hace siglos en China Tangram,es tan sólo un modo laico de investigación en el campo de lo imaginario.

Miguel Ángel Bustos

en MIGUEL ÁNGEL BUSTOS. Prosa 1960-1976. Autorizada su reproducción.

La garza negra

A la hora que en Hiroshima cayó la bomba, mi tintorero de Buenos Aires quemó la ropa y manchó con ácidas lágrimas una  larga  solapa.

Fue perdonado en homenaje o por tristeza no sé.

Mi japonés es muy sensible juega en la sombra con flores u hojas verdes. Él sabe. Sabe también de la garza negra que visita el diminuto jardín que tiene detrás de la tintorería con cuatro flores

y seis hojas.

Poco a poco ha ido abandonando la tintorería por el pequeño bosquecillo y como es natural los negocios no marchan. La garza negra desciende más a menudo.

Un día clarísimo entre sus cuatro flores y seis hojas el japonés en la agonía ve caer del cielo para siempre la garza negra de alas de agua.

En  Nagasaki, la garza  negra  levantaba el vuelo.

en Fragmentos Fantásticos – Miguel Angel Bustos.


La razón ardiente es el título de la antología bilingüe (español-inglés) de escritores víctimas de la dictadura militar (1976 – 1983) que realizara Mario Goloboff en el año 2010 para ser presentada en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt por ser Argentina el país invitado de honor. En ella, en primera fila, encontramos a Miguel Angel Bustos, poeta y periodista, secuestrado el 30 de mayo de 1976 de su domicilio y que continúa desaparecido.


Miguel Ángel Bustos


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