Elipsis: «un pequeño respiro para pensar juntos»

Elipsis: «un pequeño respiro para pensar juntos»

Entrevista a Gonzalo Fudim, coordinador de Elipsis, taller de cine debate.

Por Rose Marie Guarino

¿Querés empezar por contarme cómo te acercaste al cine, cómo fue que te interesó? Y, a lo mejor, te acordás cuándo.

Bueno, es un poco difícil… Podría decir que fue a partir de mi mamá. Mi mamá es muy cinéfila, de hecho ella participa en mi taller de cine. Ya desde muy joven, casi desde adolescente, veía las películas que ella veía (tenemos un gusto similar y un criterio parecido). Entonces, el amor por el cine empezó ahí, diría a los quice, dieciséis años, diecisiete. Después, en un lugar de alquiler de DVDs que ya no está más, había una persona que sabía muchísimo de cine, que me recomendaba películas. Era un lugar que quedaba muy cerca de mi casa y, bueno, ahí, de alguna forma, el amor por el cine explotó. Digamos que lo confirmé, confirmé que en algún momento de mi vida quería hacer algo vinculado con el cine, aunque no sabía exáctamente qué.

¡Buenísimo! Y hoy sos director de cine, ¿no es cierto?

Yo estudié Dirección Cinematográfica, sí; no me animaría a decir que soy director porque nunca filmé, pero es lo que estudié y me dio muchos fundamentos para lo que estoy haciendo hoy. Pero desde el principio sabía que no quería filmar películas: es muy complejo hacerlo, ¿no?, yo soy gran admirador, no solo de directores de cine, sino de gente que trabaja en cine, en Argentina o en países en los que es difícil, hay que tener mucho empuje, más allá del talento y la dedicación. Pero bueno, hoy creo que estoy haciendo algo soñado, que es lo que más me gusta: compartir el amor por el cine con otras personas y hablar de cine. 

¿Y cómo fue que se te ocurrió, entonces, estudiar Dirección?   

Un poco fue en relación a eso que te conté, a mi madre, y después a este hombre que, de alguna forma, siempre homenajeo, casi silenciosamente, porque es «el señor del lugar de DVDs», que se llamaba Rodolfo. Después perdí contacto, cuando cerró el local no lo vi más. Bueno, fue como una continuación: un joven que terminó el secundario, que no sabía exactamente qué hacer. Dije: voy por lo que me gusta, que es el cine; después, en el medio, hubo titubeos. Hubo algunas dudas, porque es un mundo complejo, es un mundo pequeño, al principio es muy difícil poder sustentarte a partir del cine. En algún momento, ya me decidí y me quedé ahí. Después hice otras cosas en mi vida, pero bueno, siempre con el amor por el cine intacto. 

Entonces, ahora contame bien del taller y si es que estás haciendo otras cosas relacionadas con el cine…

Bueno, yo soy el coordinador de un taller de cine debate que se llama Elipsis; todos y todas bienvenidos y bienvenidas, al taller o a preguntar. El taller lo empecé en la pandemia, con esta especie de florecimiento de este tipo de actividades por Zoom. Al principio eran muy poquitas personas, gente conocida, familiares, familiares de amigos que me ayudaron en los primeros momentos y después, de a poco, empezaron a sumarse. Los que se sumaban, por suerte, lo recomendaban. Yo selecciono una película, la envío a los participantes y luego nos encontramos para debatirla. No hace falta contar con ningún tipo de conocimiento previo. Está dirigido a cualquiera que le interese el cine y que le interese, quizás, por lo menos en el momento del taller, desmarcarse un poco del típico cine comercial, del que hoy estamos muy invadidos. Otra de las cosas importantes del taller es la posibilidad de ver películas que, resulta lamentable, no llegan. No porque la gente no pueda recibirlas, sino que no llegan por un tema de acceso, por un tema comercial.

¿Cómo seleccionás las películas?

Eso va por criterio personal, yo siempre digo que doy películas que a mí me gustan. Jamás voy a dar una película solo porque creo que es interesante para analizarla por tal motivo pero no me gustó tanto, el taller va muy acompañado del disfrute, casi inseparable. Yo por lo menos lo veo así porque para mí el cine es un espacio de disfrute. Es un espacio de reflexión, también, lo que tiene el taller es eso: poder reflexionar colectivamente. Pero voy eligiendo películas con temáticas diversas, y me gusta que sean de distintas regiones del mundo. Me gusta pasar, por ejemplo, de una película de Japón a otra de Rusia, de una de  Rusia a otra de Paraguay, de una de Paraguay a una de Canadá. Y así, casi, poder ir viajando con el cine, ver la universalidad de los conflictos: el desamor, el neoliberalismo, cosas que se parecen mucho en todos los lugares del planeta, pero cada región, cada país o cada lugar, por supuesto, le aporta sus características propias, que vuelven más interesantes los análisis. 

¿Hay algún género que te interese más o tomás cualquier género?

Esto es algo un poco gracioso, porque siempre me dicen en el taller que doy películas duras. Si hablamos de género, voy a ir por el drama, puesto que el drama aglutina muchos subgéneros, pero siempre busco películas que de alguna forma tienen potencia. No digo que otros géneros no la puedan tener, está claro que sí, pero yo voy con películas que busquen interpelar al espectador. Por lo general, al menos para mí, son las que tienen que ver con situaciones complejas; apuntan a la complejidad del ser humano, llevada al cine. 

¿Hay directores que te gusten en especial?

Sí, por supuesto que hay muchos directores que me gustan mucho, es difícil poder elegir. Lo mismo pasa con «mi película preferida»: nunca puedo responder eso, porque tiene que ver más con un momento mío, personal, es como… no siempre escuchamos la misma música, nos pueden gustar muchas cosas pero escuchamos según cómo estamos en ese momento. Bueno, con el cine pasa algo similar. Pero, sí, me animaría a mencionar a Hirokazu Koreeda, que es un director japonés impresionante, a Ken Loach, a los hermanos Dardenne (belgas); hay muchos. Ahora, quizás, intento pensar alguno más y se me escapan, pero iría por ellos, aunque hay infinidad de directores y directoras  que me resultan fascinantes. 

¿Proponés una película cada semana?

La frecuencia es quincenal; la gente se puede anotar por una película o por dos películas; hay seis grupos por película. Por suerte, el taller creció muchísimo, creo que una de las cosas más interesantes es que se armó como un lugar de pertenencia, cosa que yo considero fundamental. Más allá de que los grupos van fluctuando, porque tal vez una persona está en el grupo de los martes y un martes no puede y necesita cambiar de grupo; bueno, eso se puede hacer, es medio complicada la organización, pero se puede hacer. Mucha gente se conoce a partir del taller de cine, y algo que a mí me sorprendió es la calidez que puede generarse a partir de la virtualidad. Antes de todo esto, no me interesaba demasiado lo virtual, era un poco crítico, lo sigo siendo en algunos aspectos, pero el taller me hizo poder comprobar que puede existir la calidez, la candidez, y un grupo de pertenencia en un lugar virtual.

Qué bueno, y esto surgió todo a partir de la pandemia.

Todo en pandemia, sí, como te decía, como muchos otros talleres que proliferaron; tengo amigos que han comenzado con talleres literarios, que también continúan hasta el día de hoy. Es algo que generó la pandemia; entre millones de cosas terribles, dio la posibilidad de que surgiera este tipo de actividades de forma virtual. Yo agradezco eso porque hay gente de diferentes lugares, no solo de Argentina, sino de diferentes países de Latinoamérica: de Paraguay, de Perú, de Chile, de Bolivia, de Ecuador, de México. También estoy dando un seminario para una institución de México, de cine y psicoanálisis. Tengo una formación informal en psicoanálisis, pero es algo que me interesa mucho desde hace mucho tiempo y me gusta poder implementarlo en el cine. En este caso es una institución que se llama Engrama, de psicoanálisis y filosofía, y ahí doy un seminario todos los viernes: «El cine, el arte de iluminar lo oscuro». Bueno, estoy en esos dos frentes: el seminario y Elipsis, que es mi taller.

¿Cómo se te ocurrió el nombre?

Fue un tema, estaba preguntándole a amigos, a familiares qué les parecía, y «elipsis» siempre fue una palabra que me generó como un misterio. También es algo que puede ocurrir en lo literario, a mí me gusta mucho la literatura. Siempre fue una de esas palabras a las que uno les tiene un especial cariño y muchas veces no sabemos bien por qué, parece que incluso es más interesante no saber. Y «elipsis» estaba ahí flotando por el aire y me pareció bien elegirla. Aparte, es algo que aparece en muchas películas, el recurso de la elipsis, y hay diferentes tipos de elipsis.

¿Pensaste en hacer este taller también de forma presencial o no te lo planteaste?

 Sí, ha surgido en diferentes momentos, me lo han preguntado. La primera respuesta es que sí, me gustaría en alguna oportunidad poder dar algo presencial, creo que la presencialidad, más allá de estos comentarios positivos sobre la virtualidad, tiene algo único que la virtualidad no va a poder reemplazar nunca, que es lo que se genera en un encuentro con presencia física. Pero, a la vez, tengo mucha gente de diferentes lugares y, como te decía, son seis grupos que funcionan los martes, miércoles y jueves. Entonces, tendría que incorporar un lunes, pero, bueno, voy a ver qué pasa más adelante. Ya me ha sorprendido lo suficiente el taller como para pensar que no pueda hacerlo también el año que viene.

¿Cómo es la dinámica?

Yo hago una introducción en cada encuentro: hablo acerca del director, de la fotografía,  del elenco, de los premios, de la banda sonora; algún contexto histórico, si es necesario, también. Por ejemplo, hoy es el primer grupo de una película rusa que se llama Beanpole, del año 2019, de un director muy joven, muy bueno, Kantemir Balagov. La película transcurre en la Leningrado (actual San Petersburgo) de 1945, ya finalizada la Segunda Guerra Mundial; una ciudad sitiada, un episodio nefasto de la Historia humana. Hago una pequeña contextualización, y luego comienza el debate, entre todos, yo soy el coordinador, voy cediendo la palabra a los participantes. Participo, también: ahí voy incluyendo algunos aspectos técnicos, quizás, que tienen que ver con la forma de filmar, la paleta de colores, la música, alguna elección del director. Y después leo entrevistas: a los directores, a veces a los actores. Eso también lo incluyo en el taller y me parece que suma mucho, que es muy interesante, siempre, escuchar a los que crearon la película.

O sea que hacés un análisis bien completo.

Intento que lo hagamos entre todos, como dicen siempre en los grupos: es casi como volver a ver la película, escuchando a los otros. Creo que estamos en un momento del mundo en el que necesitamos más espacios de reflexión colectiva. Es un espacio más contemplativo, creo yo, el taller, y esto es gracias a los participantes. Yo ofrezco el espacio, nada más, el resto lo hacen los participantes. Bueno, esto de intentar parar un poco, frenar un poco; a partir de una película, pensar, tratar de reflexionar, escuchar a los otros en una época en la que falta escucha, escucha real. En una época de tanta polaridad, de tanta bronca, de tanto odio, de tanto avance de políticos fascistas, creo que hace falta parar un poco e intentar pensar juntos. Siempre digo que en el taller nadie tiene ni deja de tener razón. Todos aportan, desde su lugar, desde su propia subjetividad, desde su propia historia; cada uno lee las películas según su propia historia y eso lo hace más interesante porque ahí es el momento en el que los participantes aportan su propia narrativa. Si no, nos quedamos solo en lo que dijo el director y fin. Así que, bueno, es un espacio relamente hermoso y me considero un afortunado.

¿En todos los grupos te pasa esto o, a veces, hay gente menos participativa?

Hay un poco de todo, hay gente que se siente más cómoda escuchando, hay quienes en los primeros encuentros sienten un poco más de timidez y no aportan, gente que piensa que lo que tenía para decir no era tan interesante y después escucha a otro que dice lo que él o ella iba a decir… Voy a decir ella, porque la mayoría son mujeres, los hombres no se engancharon tanto con la actividad, hay algunos muy queridos, pero, en general, son mujeres. Hay de todo, pero cada uno aporta desde su lugar y cada persona es una parte importante dentro del grupo y del análisis de la película de ese día, sin duda.

En cuanto a edades, ¿hay un poco de todo?

Ahora puedo decir que hay de todo, quizás al comienzo era gente un poco mayor, que sigue habiendo y me encanta, pero también me gusta ese encuentro intergeneracional, me resulta muy atractivo escuchar a una mujer de setenta años conversar con una chica de veinticinco sobre el desamor, cómo era el desamor cuando esa persona era joven o para esa persona en la actualidad. Hay gente de veinticinco años a más de setenta.

Doy la bienvenida a todos los que lean esta entrevista, me pueden escribir, figuro como Elipsis en las distintas redes sociales: Facebook, Instagram. El taller es quincenal, la única tarea es ver una película. Mando la película con mucha antelación, la gente la mira cuando puede, siempre sugiero verla más cerca de la fecha del encuentro, para tenerla más fresca.

¿Querés comentar algo más?

Me parece que dije lo suficiente, quería agradecerles por el espacio. Estuve viendo las cosas que publican y me parece muy importante la difusión, sea mucha, poca o mediana. Siempre, la difusión, para estos proyectos autogestivos, es algo fundamental. La difusión de todo lo que tenga que ver con la cultura me parece muy relevante, en una época muy compleja de la humanidad, en la que hace falta más espacios de reflexión. Un pequeño respiro ante tanto asedio de hiperproductividad.  

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Un comentario Añadir valoración

  1. Sonia dice:

    Muy cordial y precisa, tanto la entrevistadora, como Gonzalo. Por diversos motivos aunque me super recomendaron el taller, aún no me acerqué. Gracias 😊

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